divendres, de febrer 08, 2008

Cuestión de orden

Aunque todos los habitantes de esas tierras lo hubiesen negado, el suyo no era para nada un caso singular. Simplemente hay cosas que, aunque sean comunes, no se consideran normales. Estaba bien considerado ser flexible (tener matices) en casi todas la ideas. Los hombres de ideas limpias y firmes eran tachados de radicales o subversivos. Pero esta norma no podía aplicarse a su caso. Los sentimientos eran material para esconder, especialmente si no eran limpios y firmes.

Había invertido toda la tarde en intentar decidir si tenía más ganas de verla triste y hundida, de presenciar su miserable muerte, de pasear con ella por el parque los domingos lánguidos de otoño o de arrancarle las bragas por debajo de la falda y penetrarla agarrándole el pelo, mordiéndole los labios, llenándose las manos con sus pechos firmes y turgentes...

No pudo decidirse. O no quiso. Esa extraña atracción le hacía sentirse vivo. Los gestos de ella justificaban la forma de hervir de su sangre, su forma de comportarse, su estado de ánimo. Él no era responsable de todo aquello. Ella lo era. Todo lo hacía para él, para llamar su atención. Le gustaba ser el centro de su universo ¿Para qué les había juntado el destino sinó?


El único problema era la falta de orden. Era un hombre pulcro y culto, de los que guardan cada cosa en su sitio y tienen un nombre para cada cosa ¿Qué prefería primero? ¿Amarla? ¿Follársela? ¿Verla sufrir? ¿Matarla? El orden de los deseos, así como el de los adjetivos es lo que, finalmente, describe a un sujeto.

No era un tema para tomarse a la ligera. Todos los habitantes de esas tierras hubiesen coincidido en que no es lo mismo ser un enamorado asesino, un sádico apasionado o un necrófilo lujurioso.

4 comentaris:

Anònim ha dit...

Porque es una jodienda serlo todo a la vez. La realidad, que no tiene cajas ni archivadores... o sí los tiene, pero abiertos y con los papeles desperdigados por el suelo, es más difícil. Y hay quien le encuentra el gusto a eso.

TENDER EPITHELIUM ha dit...

"¿Para qué les había juntado el destino si no?"Para qué¿? Yo aún me lo pregunto una media de 20 veces diarias y no acierto a encontrar una respuesta convicente...Agh!

Si me dejaras, me pondría a destripar y disasociar los sujetos de los adjetivos y viceversa, y podría toparme con un enamorado apasionado y lujurioso con sádicos instintos asesinos para poder gozar de sus necrófilas filias...

Eso sí,el paseo, el crimen y el polvo seguirían un impoluto y escrupuloso orden.

Joana ha dit...

La única pega , quizás, era que tenia sentimientos. Unos más crueles que otros, però los e xtremos se juntan.Donde hay amor puede haber odio , en un momento dado, o junto a la vez, solo que , a veces , al ser tan imperceptible, se hace invisible , y entonces decimos que no hay donde hay.

Tor Hershman ha dit...

You have a most interestingly fine blog.

Stay on groovin' safari,
Tor